World 1 Music. Entrevista / by Ana Alcaide

Entrevista con Antonio Mira, World 1 Music

ANA ALCAIDE.  La caricia de la memoria

Ana Alcaide se recrea en la tradición. Con gran sensibilidad y un sentido estético en el que destaca especialmente la melodía, viaja a tiempos pretéritos trayendo consigo la voz del tiempo. Esta toledana de adopción encontró en la ciudad de las tres culturas el sosiego necesario para iluminar la magia de los días. En sus calles se la puede escuchar, ataviada como una musa, formando parte del paisaje aledaño a la Catedral. Antes, el destino la situó en Suecia, donde conoció la Nyckelharpa, instrumento que nos tradujo como Viola de teclas. Sus discos son trabajo de hormiga. Y es ella artífice hasta del más mínimo detalle, lo que le da un valor añadido. En Mayo publicó el tercero ‘La cántiga del fuego’, un trabajo inspirado en la tradición sefardí. Trabajo que está cosechando gran éxito de público y crítica y que escaló en Agosto hasta el número tres de la ‘World Music Charts Europe’ la lista de referencia de músicas del mundo.  Y claro, hemos querido saber de dónde emana tanta belleza.

 

Ana ¿De dónde te viene esa pasión por  la música sefardí y tradicional?

Aunque escucho de todo, esta es la música que mas me emociona y me mueve. Desde siempre me he sentido atraída por la música folk y tradicional, me considero una folkie… Ni casa ni  en mi entorno tuve esta influencia, pero a medida que la fui  conociendo sentí que es con la que mas me identifico. Profundizar en el repertorio sefardí viene por el hecho de vivir en Toledo, concretamente en el casco histórico y en su judería... Mi curiosidad y acercamiento a esta cultura ha sido a través de la música. ¡Con la suerte de tocar un instrumento con el que suena muy bien este repertorio!

 

Aunque tu formación original es como violinista, te has decantado por instrumentos de otras culturas. Háblanos de la Nyckelharpa ¿Cómo la conociste y cómo la has integrado en tu música?

Conocí la nyckelharpa gracias a un viaje a Suecia, en el año 2000. Cuando estaba acabando la carrera de biología me dieron una beca Erasmus y estudié un año en Lund, ciudad universitaria del sur. Suecia es un país con una tradición musical extensísima, muy rica y viva. En mi tiempo libre asistía a todos los eventos musicales que me era posible y en uno de ellos vi una nyckelharpa por primera vez…su sofisticación visual y sonido ancestral me cautivaron. En ese momento yo no tenía posibilidad de hacerme con una, pero conseguí ahorrar y regresar dos años mas tarde para comprar mi primer instrumento. En esa época estudiaba violín en el Conservatorio y decidí salir a la calle para estudiar nyckelharpa los fines de semana. En Toledo es donde me ha visto muchísima gente tocando, y es algo que sigo haciendo de vez en cuando.

Aunque me apasiona la música sueca, intenté tocar repertorio español desde el principio. Poco a poco fui encontrando temas que quedaban bien y que encajan con su sonoridad peculiar. El fruto de toda esa primera etapa de búsqueda fue mi primer disco, ‘Viola de Teclas’, con villancicos del cancionero de Uppsala, Rabeladas, Recercadas, melodías sefardíes y hasta una bulería….todo un ‘estudio de posibilidades’ sonoras ibéricas con un instrumento sueco.

 

 ¿Qué característica especial ofrece la viola de teclas a tu música? ¿En qué se diferencia de otros trabajos basados en músicas sefardíes?

Tiene un sonido ancestral que evoca tiempos pasados. Un timbre crudo y rústico, pero dulce a la vez. Puede resultar mas o menos refinado según suenen las teclas, imperfecciones y dobles cuerdas. Este es el instrumento con el que ‘pienso’ las melodías.

Mi música se inspira en la tradición sefardí muy libre y abiertamente. Algunos temas tienen origen tradicional y otros son nuevas composiciones en el lenguaje de lo antiguo. Se diferencia de otros trabajos no solo en la elección particular de instrumentos, sino en mi enfoque y filosofía personal, con el que planteo el repertorio y las canciones desde un principio. Un mismo tema puede ser un mundo distinto según el intérprete, y esto es lo que marca la diferencia entre artistas. Cada uno tiene una sensibilidad, una visión y un saber hacer diferente, que es realmente lo que el público elige.

La música sefardí no tiene un ‘set’ tradicional de instrumentos asociados, solo la voz,  y esto permite una plasticidad enorme en los enfoques. Yo no soy nada purista y sobre material tradicional introduzco instrumentos, sonoridades e ideas que pueden recordar a otros estilos. Soy partidaria de buscar nexos comunes entre las músicas, porque pienso que están mucho más conectadas de lo que parece y que son el resultado de muchísimas influencias recibidas. La nyckelharpa es un claro ejemplo de ello: un instrumento que surge del intento de fusionar el teclado de una zanfona en el cuerpo de una viola de gamba (instrumentos del centro y sur de Europa) , que incorpora nuevas adquisiciones como las cuerdas simpáticas (influencia oriental) y que se ha desarrollado en Suecia. Su historia es un claro ejemplo de convergencia de culturas.

 

Pero no sólo está la viola de teclas ¿Qué otros instrumentos utilizáis para conseguir ese sonido?

La presencia de la viola de teclas es importante en mi trabajo, sobre todo en los directos, pero no es lo esencial. Construyo las canciones dando forma a una idea musical, para la que tengo que encontrar los instrumentos idóneos. A veces  se me ocurren melodías que no son para nyckelharpa y no hay que forzar nada, simplemente encontrar el instrumento que mejor defienda esa idea. Trabajo con un ordenador para elaborar los arreglos y todo este trabajo de producción me divierte y apasiona, me tiro días y días componiendo y arreglando las canciones hasta llegar a una idea que ya esta bastante clara antes de grabar. Por suerte cuento con grandes músicos con los que puedo materializar mis ideas.

 

En tus discos se percibe un sonido ancestral, pero con un toque muy particular ¿Cuál es tu planteamiento a la hora de abordar la recuperación de este antiguo lenguaje?

Ante todo que el resultado sea bello, independientemente de la historia y del origen de la canción. Me baso siempre en un punto de partida, una melodía tradicional o propia, una historia, verso o idea sobre la cual comienzo a construir. Como instrumentista de melodías parto casi siempre de la línea melódica para construir el resto. Intento que el trabajo creativo se desarrolle de una forma instintiva y me dejo llevar hasta que sale algo bonito e interesante que me conduce por un camino determinado. El resto es ir magnificando esta idea, buscando y puliendo. Componer y producir un disco no deja de ser un trabajo muy artesanal, que se basa en un enfoque muy particular y en la elección de unas herramientas concretas que desde un principio definen y condicionan el resultado final.

También me estimula el poder ofrecer una visión original. Musicalmente no me resulta interesante repetir visiones que ya están dadas sobre una determinada canción. El reto musical es plantear algo diferente y original con un material conocido. También me baso en la idea de sencillez, ya que las melodías que más me seducen son las que son sencillas, y son las mas difíciles de componer!

 

¿Qué presencia tiene hoy la herencia sefardí en nuestro entorno?

En los últimos años se ha puesto de moda por razones turísticas. En España no hay apenas presencia de una población judía que haya mantenido viva toda esta herencia, así que las juderías son mas bien espacios históricos ‘muertos’, vacíos de contenido. Últimamente se están dinamizando y se intenta buscar su carácter emocional mediante actividades y programas en torno a lo sefardí. Acercar esta cultura y el conocimiento de nuestro pasado es algo muy positivo y enriquecedor. 

 

¿Qué línea de continuidad tiene ‘La cántiga del fuego’ con tus trabajos anteriores, ‘Viola de teclas’ y ‘Como la luna y el sol’?

‘La cantiga del fuego’ sigue la estela de mi trabajo anterior (Como la luna y el sol)  incorporando mas sonoridades y temas propios. He contado con numerosos colaboradores y ha sido muy enriquecedor musicalmente, pero la producción también ha sido mucho más compleja. Personalmente he aprendido mucho con esta experiencia. Mi primer disco ‘Viola de Teclas’ tuvo un planteamiento mucho más sencillo: es un disco instrumental de estilo mas folk, con la nyckelharpa de protagonista.

 

 ¿Y por dónde va a continuar tu camino? ¿Tienes ya ideas o material para seguir trabajando?

En el tiempo que va desde mi segundo disco a este, ¡4 años! he generado muchas ideas y material que esta esperando a ser elaboradas. Creo que mis trabajos siempre tendrán un vínculo con lo tradicional y con antiguas culturas. Mi lado ‘científico’ me obliga a justificar lo que hago y a investigarlo previamente, sino me aburriría. Me gusta poder transmitir ideas a través de la música, en el lenguaje que me gusta y conozco. 

 

Háblanos de tus músicos. Estás rodeada por el alma de La Musgaña, entre ellos ¿Cómo es el trabajo conjunto?

Por suerte estoy rodeada de grandes músicos y compañeros,  ¡me siento muy afortunada por ello! De siempre he sido fan de la Musgaña y el tocar junto a Carlos y Jaime ha sido un sueño hecho realidad. Si supieran la cantidad de veces que he escuchado sus discos…

Con Carlos Beceiro la relación fue muy especial. El me animó a grabar mi primer disco y lo produjo musicalmente, algo que se siente al escucharlo. Para mí ha sido un gran compañero musical, con el he aprendido y me he divertido mucho. Hemos tocado juntos durante varios años hasta que nuestros caminos se separaron, algo que a veces sucede cuando trabajas de forma tan personal e intensa.

Mis colaboradores habituales son Bill Cooley, Rafa del Teso, Renzo Ruggiero, Jaime Muñoz y Jose Manuel Castro. Les quiero mucho. No solo son grandes músicos, sino grandes compañeros con los que trabajo resulta divertido y enriquecedor. Me gusta potenciar un ambiente de comunicación y sinceridad con mi equipo y me alegra pasar tiempo con ellos, ¡al final son parte de mi familia!

 

La conexión que consigues con el público es algo muy especial ¿Qué representa el directo para ti?

Los conciertos son momentos de sinceridad absoluta en los que uno se ‘desnuda’ ante el público. Como espectadora tengo recuerdos de conciertos que han quedado grabados para siempre en mi memoria, son instantes sublimes a los que he recurrido en momentos de dificultad. Tener la capacidad de generar esos momentos es algo increíble y por lo que estoy muy agradecida. Me siento comprometida con mi trabajo, en la obligación moral de dar lo mejor al público.

 

¿Y qué nos cuentas de los lugares elegidos para tocar? ¿Cuáles son los que prefieres?

Cada lugar ofrece una sensación diferente al público, también a nosotros. Condiciona la percepción de la música y su vivencia, y esto es algo mucho más importante de lo que parece. Interpretar mi repertorio en lugares históricos es un extra que ayuda a que la vivencia general esté en una misma línea. Me encanta tocar en lugares como castillos, ermitas, museos, lugares de la naturaleza… pero también me gusta hacerlo en teatros y lugares mas neutros, porque si bien no tienen en encanto histórico, ofrecen condiciones técnicas que nos ayudan a sentirnos mejor en otros aspectos y a que todo se aprecie con mayor nitidez.

También me gusta mucho tocar sola y por iniciativa propia en los alrededores de la catedral de Toledo. Esto es algo que le da mucho sentido a mi música y a mi trabajo personal.

 

Hasta ahora tus discos han sido autoproducidos y autoeditados,  todo el peso ha recaído en ti y en tu equipo ¿Ha sido una elección propia para poder trabajar a tu ritmo o condicionada por los tiempos difíciles que corren? 

Para este género musical no existe una industria clara y establecida como la hay para otros géneros mas comerciales (por desgracia en España menos todavía). Producir musicalmente mis discos es una clara elección personal. A nivel comercial también me gusta gestionar mi carrera, pero agradecería la presencia de más profesionales a quien delegar este trabajo. Sobre todo porque me gustaría disponer de mas tiempo para dedicarme a la música.

 

Este nuevo disco, sin embargo, se publicará a nivel internacional en noviembre con ARC Music, ¿Qué supone la oportunidad de ‘fichar’ por una prestigiosa casa especializada en World and Folk Music? ¿Es acaso la oportunidad que estabas esperando?

Estoy muy ilusionada con la idea…Creo que puede ser una oportunidad para que mi trabajo tenga una buena exposición en otros países. Llevo seis años trabajando en España y durante este tiempo he aprendido como funciona este género musical en nuestro país.  Con este disco me he propuesto abrir horizontes e intentar  tocar más en el extranjero, algo que cuando ha sucedido hemos agradecido mucho.

 

¿Cómo recibes ese tercer puesto del ranking de la World Music Charts Europe, junto a artistas como Kristi Stassinopoulou o Mariem Hassan? ¿Llega por fin el merecido reconocimiento a años de perseverante trabajo? Aunque ya has tocado en buena parte de Europa  y otros países ¿no?

Son artistas a las que admiro y para mi es un honor estar en los primeros puestos de esta lista. Este es un gran reconocimiento y me anima muchísimo a seguir adelante, con gran agradecimiento y humildad. Sinceramente, ¡no me lo esperaba!  ‘La cantiga del fuego’ es un disco que he grabado en  circunstancias personales difíciles y estoy sorprendida por la buenísima acogida que está teniendo. 

 

¿Qué importancia crees que están teniendo las redes sociales para la difusión del trabajo de músicos   que trabajáis al margen de las grandes multinacionales? Se os ve muy activos en la red

Creo que hoy en día es muy importante la presencia en redes sociales, independientemente del sector en el que trabajes. Los artistas más comerciales también cuidan este aspecto al detalle. La comunicación directa con los fans aporta un vínculo emocional que antes no existía y que ahora hay que cuidar y trabajar, independientemente de lo comercial que seas.

 

Ana, se te ve una mujer serena, calma, detallista y muy apegada a la Tierra ¿Cuáles son esas pequeñas cosas que llenan tus días?

Desde hace unos meses la ‘pequeña cosa’ que llena mi vida es mi hijo Bruno, ¡acaba de cumplir un año! Sin duda ha sido el más duro pero a la vez bonito y especial de mi vida. Aún estoy buscando el equilibrio. En mi día a día necesito silencio y tranquilidad, estar sola conmigo misma, contactar con la naturaleza. Me gusta leer e intento escribir para encontrarme. En casa no tengo tele. Soy muy montañera. Soy idealista, filosófica, muy despistada, me aburre ir de compras, me encantan las bibliotecas y me motivan mucho los viajes, necesito tener siempre uno en mente. También me gusta cocinar. Me interesa la meditación y todo lo que  ayude a conectar con uno mismo. Y confieso que soy ‘maquera’ para todo, ¡para la música y para trabajar en  oficina también!

 

¿Y qué músicas te acompañan en ese día a día?

Va por fases. A veces soy una devoradora de música y otras necesito silencio. Últimamente escucho bandas sonoras. Aparte de todo lo étnico, me encanta la música para piano, el rock clásico de los 70, la música ochentera. También cuando me aburro de elegir pongo la radio y busco que algo me sorprenda.

 

¿Qué tres discos elegirías de todo lo que has oído?

Vaya, ¡Que pregunta mas difícil! Por ejemplo:  

Dark side of the Moon- Pink Floyd

Elements- Mike Oldfield

Ronroco- Gustavo Santaolalla

 

Para acabar ¿Nos podrías recomendar algo de música  sueca de Nyckelharpa, que nos ayude a descubrir el instrumento en su contexto?

Si. Escuchar al grupo Väsen es obligatorio, también a Johan Hedin. También recomiendo al duo Pettersson&Fredriksson y al grupo Nordic, son estupendos.

 

Pues te deseamos mucha suerte y que sigas investigando y mostrándonos toda esa parte oculta de nuestras vidas que las prisas no nos dejan descubrir por nosotros mismos. Gracias.

Muchas gracias a vosotros, ¡hasta pronto!

 

DISCOGRAFIA

- 2006 ‘Viola de teclas’ CD

- 2007 ‘Como la luna y el sol’ CD

- 2009 ‘En concierto: Sinagoga del Tránsito de Toledo’ DVD

- 2012 ‘La cántiga del fuego’